Ya deja el celular!”
“Te dije que apagues la tablet.”
“¡Es hora de dormir!”
“¡Cuántas veces tengo que repetirte lo mismo!”
Si eres mamá o papá, probablemente alguna de estas frases te resulte familiar.
Y probablemente también hayas vivido ese momento en el que poner un límite termina en discusión, gritos, llanto o frustración.
Entonces aparece una pregunta:
¿Estoy poniendo límites correctamente?
Poner límites no significa controlar todo
Los límites son necesarios en la crianza.
Los niños necesitan adultos que les ayuden a comprender qué pueden hacer, qué no pueden hacer y qué consecuencias tienen sus decisiones.
Pero un límite no necesita construirse desde el miedo o el grito.
Un límite también puede comunicar:
“Te entiendo, pero esto no está permitido.”
“Sé que quieres seguir jugando, pero ahora es momento de dormir.”
“Puedes estar molesto, pero no puedes pegar.”
La diferencia no está solamente en lo que decimos.
También está en cómo lo decimos y en la relación que construimos mientras ponemos ese límite.
¿Y qué pasa con las pantallas?
La tecnología forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Por eso, el desafío para las familias no consiste simplemente en decidir si las pantallas son “buenas” o “malas”.
Se trata de aprender a acompañar su uso.
UNICEF recomienda que las familias tengan conversaciones abiertas sobre la vida digital, establezcan normas claras y generen oportunidades para compartir experiencias positivas en Internet y fuera de él. (UNICEF)
Pero hay una pregunta que muchas veces olvidamos:

¿Qué estamos ofreciendo en casa además de la pantalla?
Porque reducir el tiempo de celular no siempre funciona si el niño no encuentra espacios de conexión, juego, conversación y atención.
Los hijos no solamente necesitan límites. Necesitan conexión.
Un niño puede recordar que le dijiste veinte veces que deje el celular.
Pero también puede recordar que una noche te sentaste a escuchar lo que quería contarte.
Que jugaron juntos.
Que le preguntaste cómo se sentía.
Que cuando se equivocó, pudiste corregirlo sin hacerlo sentir que era un fracaso.
La crianza no consiste en conseguir que nuestros hijos obedezcan todo el tiempo.
Consiste en acompañarlos mientras desarrollan habilidades para la vida.
Criar también es aprender.
No existen padres perfectos.
Existen madres y padres que todos los días tienen la oportunidad de revisar, aprender y construir nuevas formas de relacionarse con sus hijos.
CEO de mi Familia® nace desde esa mirada: acompañar a las familias para fortalecer la conexión, la comunicación, los límites y una crianza más consciente.
Porque educar a nuestros hijos también implica preguntarnos:
¿Qué necesitan de mí en esta etapa de su vida?
Y quizá una de las respuestas sea:
“Necesitan que esté presente, no solamente que esté cerca.”
¿Quieres mejorar tu forma de criar y conectar con tus hijos?
Conoce CEO de mi Familia®.

NOTICIAS MES DE OCTUBRE 2026 – JAEL TENORIO